La capital del silencio
Mi mirada se pasea por una ciudad, que recorro desde que tengo conciencia; pero parece que no la conozco. Los bares atiborran sus calles, al igual que las flores los campos primaverales. De belleza dudosa, esta ciudad es sumamente silenciosa (si careces de aprecio hacia los ataúdes rodantes).
La gente está excitada, algo va a pasar. Tengo la vaga sensación de que yo también me sentía así... "la Feria" esas palabras bailan en mi paladar, pero no llego a degustarlas. Mis pasos me llevan hasta un parque menudo que me recuerda a varios jardinillos mezclados en uno solo. Una enorme puerta de hierro se yergue imponente rodeada de una muralla blanca.
Poco a poco; el ruido de música, risas y conversaciones llena el ambiente. Siento un cosquilleo en la punta de los dedos al cerrar los ojos y dejar que este lugar me absorba... Cuando noto la cabeza inusualmente relajada, una cafetería se aparece ante mí. Es usual y nada atrayente, pero el olor a café la inunda. Si es que a eso se le puede llamar "café"... creo que deberían llamarlo "extracto de gota de café"
Trago el disgustoso líquido y veo una cara conocida. Esta se acerca y me sonríe mientras me arrastra hasta lo que llama "fiesta de verdad".
Ah... tantos años viviendo aquí y sigo sin conocer esta pequeña ciudad. Espero que en algún momento consiga conocerla como la palma de mi mano... seguro que eso no ocurre. Quiero abrir las alas y pasearme por ciudades ajetreadas y llenas de ruido. Porque algo de lo que nunca podré escapar es del silencio de esta dichosa ciudad.
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