Retazos del ayer se acurrucan contra mi pecho, intentando no morir mientras tus labios marcan mi espalda por la falta de espacio en medio del reino de mi cama. Tus dedos en mi pelo intentando descubrir la fuente de mi esencia mientras nos bebemos a miradas. Tú, el carcelero de mi corazón y el asesino de mi razón, con el que comparto colchón.
Mis manos recorren la pieza de mármol que es tu cuerpo y se pierden en la complejidad de tu boca y la perfección imperfecta de tu sonrisa torcida.
Si nos vieran aquellos románticos... Encontrarían que el amor al igual que la guerra, puede crear adicción. Y para que mentir... sin mi dosis de ti y sin tu dosis de mi, alguno de los dos llegaría a morir.
sábado, 19 de julio de 2014
Drogadicción juvenil
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