Me miro en el espejo y pienso triste como pude pensar que podía ser guapa.
Una vocecita conocida y ya poco oída susurra palabras incomprensibles.
Corro hacia esa voz, esperando encontrarte. Pero lo que encuentro es la carta que dejaste antes de irte. Tan triste y cargada de disculpas, quema su tacto.
Siempre que la veo necesito gritar tu nombre para luego con dos gruesas lágrimas regar nuestro preciado jardín. El amor es efímero, pero no el recuerdo.
Una mano cálida me saca de allí.
Todo fue un sueño, o eso pense cuando mi hermano me desperto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario